mie 32a. Ordinario año Par (Id=748)

Primera Lectura

Andábamos perdidos, pero Cristo nos salvó por su misericordia

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Tito
3, 1-7


Querido hermano: Recuerda a todos que respeten plenamente a las autoridades que gobiernan; que les obedezcan y estén dispuestos a hacer el bien; que no calumnien a nadie, que sean pacíficos, amables y siempre bondadosos con todo el mundo. Porque también nosotros fuimos en otro tiempo irreflexivos, rebeldes, descarriados, esclavos de toda clase de malas inclinaciones y placeres, llenos de maldad y de envidia; éramos despreciados y nos odiábamos unos a otros.
Pero ahora se ha manifestado la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor a los hombres. El nos salvó, no por nuestras buenas obras, sino en virtud de su misericordia, por medio del bautismo regenerador y la renovación del Espíritu Santo, que derramó abundantemente sobre nosotros por Jesucristo nuestro Salvador. De este modo, salvados por su gracia, Dios nos hacer herederos conforme a la esperanza que tenemos de heredar la vida eterna.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Sal 22, 1-3a.3b-4.5.6

El Señor es mi pastor, nada me falta.
Dóminus pascit me, et nihil mihi déerit.

El Señor es mi pastor, nada me falta: en prados de hierba fresca me hace descansar, me conduce a aguas tranquilas y renueva mis fuerzas.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Dóminus pascit me, et nihil mihi déerit.

Me guía por la senda del bien, haciendo honor a su nombre. Aunque pase por un valle tenebroso, ningún mal temeré, porque tú estás conmigo, tu vara y tu bastón me dan seguridad.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Dóminus pascit me, et nihil mihi déerit.

Me preparas un banquete para envidia de mis adversarios, perfumas con ungüento mi cabeza, y mi copa está llena.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Dóminus pascit me, et nihil mihi déerit.

Tu amor y tu bondad me acompañan todos los días de mi vida; y habitaré por siempre en la casa del Señor.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Dóminus pascit me, et nihil mihi déerit.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Den gracias siempre, unidos a Cristo Jesús, pues esto es lo que Dios quiere que hagan.
In ómnibus grátias ágite: hæc est enim volúntas Dei in Christo Iesu in ómnibus vobis.
Aleluya.

Evangelio

¿No ha habido nadie, fuera de este extranjero, que volviera para dar gloria a Dios?

† Lectura del santo Evangelio según san Lucas
17, 11-19

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasó entre Samaria y Galilea. Estaba cerca de un pueblo cuando le salieron al encuentro diez leprosos, que se detuvieron a lo lejos y a gritos le decían:
"¡Jesús, Maestro, ten
compasión de nosotros!"
Al verlos, Jesús les dijo:
"Vayan a presentarse a los sacerdotes".
Y mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, al verse sano, regresó alabando a Dios en voz alta, se postró a los pies de Jesús y le dio las gracias. Era un samaritano. Entonces preguntó Jesús:
"¿No eran diez los que quedaron limpios?; ¿dónde están los otros nueve? ¿Tan sólo este extranjero regresó para dar gracias a Dios?"
Después le dijo al samaritano:
"Levántate y vete; tu fe te ha salvado".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

[Misa]